Datos clave

Trastorno por consumo de alcohol: alcoholismo (DEPENDENCIA AL ALCOHOL)

 

Cuando las bebidas alcohólicas se consumen durante un tiempo continuado o en cantidades importantes el cuerpo se habitúa y al final termina por necesitar el alcohol para poder funcionar.

La necesidad de beber puede ser para afrontar distintas situaciones, para sentirse tranquilo, para perder miedo... Todo ello va unido a una falsa percepción de la realidad. A esta dependencia la denominamos psicológica.

Pero la dependencia puede ser también de tipo físico, el organismo se acostumbra a vivir con una cantidad de alcohol en su interior y cuando esta disminuye o desaparece, se presenta una situación de nerviosismo, temblores, nauseas... es decir malestar físico. Y empiezan a aparecer enfermedades derivadas del consumo de alcohol.

En ambas situaciones, aparentemente, la persona mejora de forma temporal cuando vuelve a beber.

Eso es la DEPENDENCIA: Es la necesidad o la esclavitud de una persona que va perdiendo su libertad frente a una sustancia.

 

Alcoholismo

El síndrome por dependencia al alcohol se denomina Alcoholismo, término que fue introducido por el Médico Sueco: Magnus Huss, en 1849.

Este médico contribuyó a generalizar el concepto de patología asociado al consumo de bebidas alcohólicas y señaló acertadamente, que cualquiera que sea la bebida alcohólica todas sin excepción tienen un riesgo potencial de modificar negativamente la salud física del usuario.

 

La dependencia al alcohol es un estado patológico morboso en el cual la persona al perder grados de libertad en su conducta, queda alterada en sus capacidades adaptativas, en todos los niveles de su funcionamiento, corporal, psicológico y social. (Dr. Joaquín Santodomingo Carrasco). Hasta mitad del siglo XX no es reconocido como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud. Por lo tanto:

- Un alcohólico es un enfermo.

- No es un vicioso.

- No bebe porque quiere.

 

El alcohólico, bebe por la necesidad imperiosa de no sufrir, de no pasarlo mal ya que se llega al extremo de no poder vivir sin beber alcohol.

Como cualquier enfermedad, se puede diagnosticar, tiene un pronóstico y también un tratamiento.

Pero eso si, es una enfermedad crónica, es decir para toda la vida, como la diabetes o algunas enfermedades del corazón.

Pero, ¿Puede hacer un diabético una vida normal? ¿y un enfermo del corazón?, la respuesta es SI. Pero para ello debe cuidarse toda la vida. Tomar la medicación que le ordenen, si es preciso, seguir una dieta y hacer ejercicio.

Pues bien, con el enfermo alcohólico sucede lo mismo, tomará la medicación si la necesita, la dieta será la de NO consumir bebidas alcohólicas y el ejercicio en este caso será sobre todo mental, psicológico, de apoyo. Pero como en los dos ejemplos anteriores para toda la vida.

Podríamos preguntarnos si el alcohólico nace o se hace. Y por lo que sabemos hasta ahora, nadie nace con una dependencia al alcohol, pero vivir en determinados ambientes familiares, o de amigos y tener algunas características en el propio carácter como: la timidez, o al contrario la excesiva “euforia”, padecer algunas enfermedades psiquiátricas y algo importante, el no saber decir NO; puede ser determinante para empezar a beber o para seguir bebiendo hasta que aparezcan problemas.

Dicen algunos alcohólicos rehabilitados que el alcoholismo es la única enfermedad que se “coge” por contagio y se cura también por contagio. Y no están exentos de razón ya que el entorno predispone, pero a la hora de rehabilitarse el entorno, el apoyo de la terapia, la asociación... también son definitivas para salir del problema.

 

El tratamiento: ¿Se puede tratar el TCA?

Pues sin duda la respuesta es SI, y hoy por hoy contamos con los instrumentos y recursos necesarios para poder ofrecer un buen tratamiento a quien lo necesite.

No obstante el problema principal será la motivación de la persona y el reconocimiento de la propia enfermedad.

 

Es clásico ya decir que tratar a un enfermo alcohólico es como comerse un conejo de monte, lo primero que hay que hacer es cazarlo.

Para ello debemos contar con los amigos, las asociaciones de autoayuda, el médico de cabecera u otros profesionales que nos ayuden a conseguirlo.

 

¿Pero en que consiste el tratamiento?

El tratamiento consta de tres fases necesarias y complementarias al mismo tiempo, la desintoxicación, la deshabituación y la reinserción. Todo ello para conseguir la Rehabilitación integral de la persona.

 

 - Desintoxicación.

 Una vez que la persona se ha decidido a iniciar un tratamiento, el primer paso consistirá en eliminar cualquier resto de alcohol en su organismo. Para ir avanzando, sería imposible trabajar con alguien que sigue bebiendo.

El objetivo será eliminar la necesidad física de consumir, y esto en muchas ocasiones se debe hacer utilizando medicamentos para evitar que aparezcan los síntomas propios de la abstinencia, ya sea ansiedad, sudoración, temblores, nauseas, vómitos, insomnio, intranquilidad, etc...

Estos síntomas se pueden minimizar, se pueden evitar sufrimientos y riesgos innecesarios acudiendo a un médico que establezca una pauta de tratamiento. La pauta siempre irá en consonancia a la gravedad de la dependencia.

Mayoritariamente, este tipo de tratamientos se hacen de forma ambulatoria, es decir no será necesario ingresar al paciente.

No obstante en algunos sujetos, pueden existir algunas circunstancias que aconsejarán iniciar el tratamiento de desintoxicación en un medio hospitalario, por ejemplo en aquellas personas que tengan enfermedades orgánicas graves, o bien que hayan tenido antecedentes de intento de tratamiento con dificultades de control o cuando no exista una mínima estructura familiar o social que permita dejar de beber o cuando los síntomas de abstinencia sean  muy llamativos, evidentes o graves.

Hay que recordar que el cuadro más grave que puede aparecer al dejar de beber es el Delirium Tremens (que significa delirar – tener visiones; y tremular – temblor muy fuerte y con agitación psíquica y motora), este cuadro debe ser tratado siempre en un hospital, ya que el que lo sufre puede poner en riesgo su propia vida, si no se trata con una medicación adecuada y una estricta supervisión.

Pero no hay que tener miedo, en 7 ó 10 días la persona deja de experimentar molestias.

Es la fase en la que se deben tener más cuidados pero también es la más rápida.

Ahora bien, la intensidad y la duración del tratamiento en este primer escalón dependerá de la gravedad de los síntomas.

 

 - Deshabituación.

Una vez conseguida la abstinencia, el objetivo se va diversificando. Debemos evitar que vuelva a beber, cuidaremos y trataremos cualquier malestar que pueda sufrir, y al mismo tiempo cambiaremos hábitos, de ahí el término “deshabituación”.

La persona debe aprender a vivir sin tomar bebidas alcohólicas y debe además sentir el cambio como algo satisfactorio para su vida futura y esto se puede aprender en las terapias.

 

 - Gotas y pastillas para no beber.

Como hemos dicho, debemos conseguir que tras la desintoxicación la persona se mantenga abstinente.

Este paso, para alcanzar una correcta rehabilitación, puede ser difícil para algunas personas y necesitarán la ayuda de algún medicamento para conseguirlo.

Desde hace ya bastantes años existen en las farmacias unas gotas o pastillas que sirven  para que la persona no beba.

En la ya clásica cartilla del alcohólico del Dr. Rafel Llopis Paret se planteaba la cuestión de la siguiente manera:

“Se trata de unas pastillas o de unas gotas que no hacen ningún efecto en el organismo mientras no se beba alcohol. Pero, si se bebe, entonces se produce un choque terrible y el enfermo se pone a morir. Como se ve, estos medicamentos sirven para suplir la fuerza de voluntad que no tiene el enfermo. Éste se toma las pastillas o las gotas y ya sabe que no puede beber alcohol. Hay que hacer, por tanto, mucho hincapié en que jamás deben darse medicamentos sin que lo sepa el propio enfermo. Han de tomarse voluntariamente, en forma plenamente consciente y deliberada.
Tomarlos es como estar encerrado en un sanatorio, porque el que los toma no puede beber alcohol. Pero es estar encerrado sólo en lo que se refiere a la bebida.
El enfermo entra y sale, va al trabajo, alterna con sus amigos, frecuenta incluso su bar o tertulia, pero no debe beber alcohol.

Las pastillas o gotas para no beber, como es natural, no entienden si el enfermo ha tenido un gran disgusto que le obliga a beber o una gran alegría que hay que celebrar con vino. Tampoco entiende si es nochebuena, o la boda de fulanito, o el bautizo de la hija de menganito. Estos medicamentos ignoran todas las sutilezas con que el alcohólico pretende engañarse a sí mismo. Para ellos el alcohol es alcohol, vaya servido en forma de sidra, de cerveza, de vino, de vermouth, de quina, de jerez, de anís o de vodka. Incluso la pequeña cantidad de alcohol que contiene el vinagre desencadena la terrible reacción.

Y es que, naturalmente, el enfermo alcohólico tiene que dejar de beber toda clase de alcohol. Y el que ha tomado estas pastillas o gotas se tiene que aguantar sin beber, por muchas ganas que tenga de hacerlo.

Si no las hubiera tomado, a lo mejor se bebía "una cañita sólo" y luego venían otras dieciséis después, más luego vinos, algún vermouth y por fin, bebidas exóticas ya en plena euforia alcohólica. De modo que, gracias a estos medicamentos, el enfermo se acostumbra a vivir sin beber. Y lo hace en la calle, en el bar, con sus amigos y compañeros, es decir, en el mismísimo escenario de sus triples hazañas alcohólicas. De esta manera se agotan sus reflejos condicionados y se desintegran sus esquemas de conducta alcohólicos.

Las pastillas o gotas para no beber son, como decía uno de mis enfermos, un par de muletas que te ayudan a andar mientras las piernas cogen fuerza. Al cabo de un plazo de tiempo que determinará el médico, el enfermo podrá dejar de tomar estos medicamentos.

Ya habrá recuperado su dominio de sí mismo y podrá vencer, sin ayuda química, la tentación de beber, porque, durante el tiempo que ha estado sin beber, la tentación se ha ido debilitando y su voluntad se ha ido robusteciendo.

Si fracasan con pastillas o las gotas para no beber, bien porque el esfuerzo beba aunque se ponga malo, bien porque el enfermo no sea capaz de hacer ni el mínimo esfuerza que representa tomar unas pastillas o unas gotas (porque de ese modo, naturalmente, puede beber), entonces hay que empezar el tratamiento por el escalón más bajo”.

 

En general se trata de dos medicamentos con pocos efectos secundarios y  bastante bien tolerados.

Pero en el caso de que la persona beba alcohol mientras se esté medicando puede experimentar alguno de los siguientes síntomas: Efecto semáforo: Vasodilatación, Taquicardia, Nauseas, Sudoración, Mareos, Dolor precordial, Pérdida de conocimiento, etc...

La efectividad de este tipo de tratamiento se basa en la ayuda que su efecto molesto proporciona a la persona que le cuesta dejar de beber, ya que se vuelve consciente de que mezclar alcohol con la medicación la va a provocar síntomas desagradables, disuadiéndolo en su intento de consumir.

Es conveniente, dadas las características de este tipo de medicación, que sea tutelada por algún familiar, amigo... y que se dé siempre con el conocimiento y autorización de la persona que vaya a tomarlo. No hay que darlo nunca si el paciente no es consciente de su toma.

 

¿ Pastillas o gotas?

En principio el mecanismo de acción es igual y se utilizará lo que el médico estime conveniente, teniendo en cuenta y también lo que sea más cómodo y adecuado para el paciente.

 

- Otra medicación.

A veces se puede utilizar otra medicación para ayudar a la persona a mantener la abstinencia. En los últimos años han aparecido nuevos fármacos que disminuyen la ansiedad, el deseo de beber o la impulsividad hacia el consumo de bebidas alcohólicas.

Por eso, es importante explicar al médico que nos trate, cómo nos encontramos, ya que si él estima oportuno y no hay incompatibilidades, con estos fármacos puede resultar más fácil dejar de beber o incluso mantener la abstinencia.

Lo importante es confiar en los profesionales, así conseguiremos que la mejoría sea en todos los sentidos.

 

 - La terapia.

En ocasiones, dejar de beber no resulta demasiado difícil, pero la dificultad aparece en mantener la abstinencia a lo largo del tiempo.

Y es que la persona debe cambiar costumbres, hábitos, conductas y a veces hasta la forma de entender algunas cosas y responder a ellas.

Desde hace casi 100 años se sabe que además de la medicación, resulta muy importante tratar de facilitar ese tipo de cambios en la persona y para conseguirlo la mejor forma es la terapia, la psicoterapia, individual, de pareja, familiar o de grupo, dependiendo de las necesidades y características de la persona.

El caso será facilitar a la persona un mejor conocimiento de su enfermedad, de lo que le ha ocurrido y le está ocurriendo. Incluso que aprenda a conocerse a s mismo, y por medio del conocimiento, empezar a trabajar los cambios a realizar para mantenerse abstinente, mejorar lo negativo y ser mejor persona en definitiva.

Luego hablaremos un poco más de este aspecto tan importante en el tratamiento.

 

 - Reinserción.

Las personas que beben, no solo pierden la salud, pierden también los amigos, el trabajo, la familia y en ocasiones por los problemas económicos incluso la vivienda.

Otros, pueden haber tenido problemas con la justicia, a consecuencia de lo “mal que les sienta la bebida”, lo que ha provocado peleas, riñas o que  conduzcan bajo los efectos del alcohol.

La sociedad rechaza este tipo de comportamientos, pero también la persona se rechaza a ella misma, se aísla y cuando deja de beber empieza a ser consciente de todo lo que ha perdido.

La reinserción consiste principalmente en reintegrarse en la sociedad, en el barrio, con los vecinos, volver a ser aceptado y querido por la familia o los compañeros de trabajo, volver a ser al fin y al cabo una persona respetuosa y respetable.

Existen en muchos municipios, recursos para cumplir estos objetivos, hay que hablar con la trabajadora social y ponerse manos a la obra.

Pero también la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados, será una pieza fundamental. Participando en actividades, dejando que los demás ayuden al más nuevo, al que tiene necesidades, y cuando uno se recupera, ayudando a los demás.

Nadie debería dejar de beber sin más, la abstinencia debe ser el medio para lograr ser la persona que uno fue, o mejor, la que debería haber sido, una PERSONA en mayúsculas.

 

 - ¿Se cura el TCA?

Ya hemos comentado que el alcoholismo se puede catalogar como una enfermedad crónica, y a veces en las enfermedades crónicas aparecen recaídas.

De esta forma, también nos encontramos con alcohólicos que recaen, por lo que en este caso podemos considerar que un alcohólico está curado siempre y cuando no vuelva a beber.

 

Recaer es tomar cualquier cantidad de alcohol que lleve al bebedor a tener problemas cuando se había conseguido la abstinencia.

 

 

Para entender este aspecto nos sirve de nuevo el ejemplo de la Cartilla del Alcohólico de Llopis Paret:

 

 

El ejemplo del miope: Imaginemos a un hombre que ve mal y que, a consecuencia de ello, sufre dolores de cabeza y mareos. Un día va al oculista y éste descubre que lo que tiene es miopía. Le receta unas gafas, el enfermo las empieza a usar y desde entonces ve bien y no vuelve a tener dolores de cabeza ni mareos. Pues bien, este enfermo ¿está curado o no? -Hombre, si ve bien y se encuentra bien, si que está curado -se me puede decir.

Y efectivamente lo está.

Pero hay un pequeño detalle que quiero subrayar: que tiene que usar gafas, que, si se las quita, vuelve a encontrarse mal.      

Luego, en un sentido, ni se ha curado ni se va a curar. Pero si ve bien y se encuentra bien, si se acostumbra a llevar gafas hasta el punto de que éstas no le molesten en absoluto,¿qué más da que esté totalmente curado? Lo mismo pasa con el alcohólico.

El alcohólico se cura porque se repone física y mentalmente, porque se pone fuerte y come bien, porque no le duele nada, porque se lleva bien con su familia y con la sociedad, porque recupera la situación y la estima que había perdido, etc. En una palabra, el alcohólico se cura por completo de las complicaciones del alcoholismo y vuelve a ser un hombre feliz.

Pero, por otra parte, el que ha cruzado las fronteras invisibles del alcoholismo, el que -por un camino o por otro- ha llegado a ser alcohólico, lo será durante toda su vida. En este sentido, el alcoholismo no se cura jamás. El alcohólico, como el miope, tiene que llevar siempre puestas unas gafas: en el caso del alcoholismo, tales "gafas" consisten en no beber una gota de alcohol.

De este modo, el alcohólico será un alcohólico que no bebe (como el miope será un miope que ve bien) será un alcohólico que se acostumbrará a no beber y no echará de menos el alcohol (como el miope se acostumbra a llevar gafas y se olvida de que las lleva)”.

¿Pero, se ha perdido todo, cuando se recae? En principio NO.

Pero no nos vale aquello de que solo es una copa, total por un día ¿Quién se va a enterar?

Esto es lo que los mismos alcohólicos denominan: “hacerse la cama” y podría ser el inicio de unos consumos en cadena.

“Total no ha pasado nada”, “nadie me ha visto...” y al día siguiente o a la semana siguiente, vuelta a empezar, “total...” Hasta alcanzar niveles de consumo iniciales, hasta sufrir de nuevo los mismos problemas.

Perder la confianza, perder la salud.

¿Vale la pena?

NO.

 

Si alguien con alguna excusa o por cualquier motivo vuelve a beber, debe comunicarlo inmediatamente a un compañero del grupo, a un familiar, a su médico o psicólogo, solo así podríamos romper una posible cadena de consumos.

Analizar qué ha pasado, como me encuentro, porqué y para qué y valorar lo que se había ganado y lo que se va a perder.

 Tratamiento orientado a la reducción de consumo:

Solo ante situaciones de TCA leve o moderado o como paso intermedio a conseguir la abstinencia. Pero de ello hablamos en otros apartados y en especial en los que se explica el uso del nalmefeno para reducción de daños, minimizar el consumo y por tanto la morbi – mortalidad-.

 

Situaciones especiales

Como hemos podido observar, el consumo abusivo de bebidas alcohólicas trae consigo consecuencias negativas, pero estas son mucho más graves o evidentes cuando lo realizan los jóvenes, las mujeres, las personas mayores, las embarazadas o las madres que están dando de mamar a sus hijos.

Hemos creído importante hacer una breve reseña de estas situaciones especiales.

 

Los jóvenes

Es difícil definir la edad que enmarca la juventud, por lo que al final nos guiamos por la edad legal que determina la mayoría de edad, los 18 años en España.

El alcohol impide la maduración cerebral,  afectando el normal desarrollo físico pero sobre todo psicológico de la persona.

Sabemos, no obstante, que son muchos los jóvenes que se inician en el consumo de bebidas alcohólicas, en edades tempranas, alrededor de los 14 años y sabemos que éste se asocia con absentismo, fracaso escolar, problemas familiares, sociales y de salud.

 

Es muy importante el número de adolescentes que se emborrachan los fines de semana y así como la cantidad de comas etílicos que acuden a urgencias. Para complicarlo más, en esas edades la frecuencia con que se asocia alcohol y conducción es muy elevada y sus consecuencias muy trágicas. Por estos motivos: Los jóvenes no deberían tomar ninguna bebida alcohólica.

 

Las mujeres

El sexo femenino presenta unas condiciones especiales que hacen que su organismo tolere peor las bebidas alcohólicas, o dicho de otra forma, tomando menos cantidades que los hombres pueden sufrir consecuencias más graves que estos.

Entre los jóvenes, el consumo se va equiparando en las chicas con respecto a los chicos. Pero el alcoholismo afecta a las mujeres en una proporción de 1:4, es decir, por cada mujer alcohólica, nos encontramos con 4 hombres alcohólicos.

 

Esto, sin embargo, no es una buena noticia ya que hace solo 10 ó 15 años, la proporción era de 1:10, y con un problema añadido, la mujer bebedora suele negar su alcoholismo con mucha más fuerza que el hombre. Además, se esconden para beber, no quieren que las vean, no reconocen su problema y cuando venimos a darnos cuenta, su adicción es ya muy grave.

Pueden existir problemas familiares, de pareja, desamor, de abandono, pero sobre todo su autoconcepto y su autoestima están por los suelos. Cuando queremos que una mujer alcohólica se ponga en tratamiento, nos cuesta más “cazarla”. Pero eso no implica que no lo intentemos y que volquemos todo el esfuerzo tanto profesionales como asociaciones en ofrecerle la máxima ayuda posible.

La mujer alcohólica precisará una atención mayor, con más cariño y esmero por parte de todos: Hay casos difíciles pero no imposibles.

 

Las personas mayores

 

 

Se podría hablar de dos tipos de alcoholismo en la tercera edad, uno que simplemente es el resultado de una persona que ha sido bebedor durante toda su vida y llega a mayor con consumos importantes y además con otras enfermedades, propias de la edad o del consumo, asociadas. A ello unimos una mayor toma de medicamentos.

En estos casos habrá que enfocar el problema como un tema de salud física, porque si la persona es capaz de dejar de beber (y no tiene porqué no hacerlo), se encontrará mejor y le pondremos años a su vida y vida a sus años.

El otro supuesto, es el de la persona que cae en la adicción al alcohol tras su retiro o jubilación, porque cree que su vida se acaba, que no tiene sentido, que ya no puede hacer algunas de las cosas que solía hacer.

Lógicamente esto refleja una situación de estrés psicológico y de falta de estima y proyección de futuro.

Y aunque es verdad que probablemente ya no pueda “correr un maratón”, habrá muchísimas cosas que podrá hacer. Pues bien, la labor será la de procurar que tenga espacios para aprender, crear, hacer actividades, pero sobre todo querer y sentirse querido.

Estos son los objetivos a alcanzar tras una desintoxicación una vez conseguida la abstinencia.

El calor de una asociación,  de los compañeros de terapia y de la familia, será imprescindible en la recuperación de una persona mayor que abusa de la bebida.

 

Alcohol y embarazo

Desde tiempos inmemoriales se sabe que el consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo, puede provocar efectos negativos en el recién nacido, tales como retraso en el desarrollo psicomotor, hiperactividad, bajo peso y talla al nacer, retraso mental y la aparición de malformaciones, a este cuadro tan complejo se le ha denominado Síndrome Alcohólico Fetal.

Para que esto se produzca, no es necesario que la madre sea alcohólica, basta con que ingiera bebidas alcohólicas durante el embarazo, además no se sabe cual es la dosis que puede ocasionar estos problemas, no existe una dosis lesiva de necesidad, pero tampoco existe una dosis no lesiva.

 

Por lo que: Ninguna mujer embarazada debe consumir ni una gota de alcohol.

 

Alcohol y lactancia

Como punto y final un consejo, al igual que el alcohol pasa la barrera placentaria y llega al feto cuando la mujer está embarazada, igual pasa a la leche de la madre cuando está dando a mamar a su pequeño, por lo que al amamantar con esa leche le estamos dando al niño alcohol, le estamos provocando una intoxicación etílica. ¿Y quién en su sano juicio emborracharía a su bebé?

Si estás dando a Mamar no consumas bebidas alcohólicas.

 

 

 

 

 

 

¿Qué es el Síndrome alcohólico Fetal?

Se trata de una embriofetopatía ocasionada por la toxicidad directa del alcohol etílico (el que está presente en las bebidas alcohólicas) sobre las células de los distintos tejidos embrionarios, a los cuales va a impedir su norma desarrollo, produciendo las consecuentes malformaciones.

- El consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo puede causar malformaciones o alterar el desarrollo normal del embrión o del feto.

- El alcohol durante el embarazo puede causar retraso del desarrollo, bajo peso al nacer, parto prematuro o aborto espontáneo.

- Además, los efectos del alcohol sobre el embrión y el feto son la causa más frecuente de discapacidad mental e intelectual en la mayoría de países industrializados.

 

¿Estamos hablando de algo nuevo?

El síndrome alcohólico fetal fue descrito por primera vez por la pediatra francesa Jacqueline Rouquette en el año 1957, aunque el efecto nocivo del alcohol sobre la progenie era conocido desde tiempos de Aristóteles quien ya señalaba en su Problemata que “las mujeres tontas, ebrias y atolondradas a menudo procrean niños que son un reflejo de ellas mismas”.

Aunque muchas mujeres se abstienen del alcohol durante el embarazo, todavía hay un número importante de mujeres que siguen consumiendo bebidas alcohólicas durante la gestación, con cifras de entre un 25% a un40% en España.

1 de cada 5 mujeres puede llegar a tomar hasta 5 o más consumiciones por ocasión.

 

¿Cuántos niños se afectan por estos consumos de bebidas alcohólicas?

Se considera que el Síndrome Alcohólico Fetal afecta a más de 1 por cada mil nacidos vivos. Sin embargo, hay un cuadro denominado "Trastornos del Espectro Alcohólico- Fetal” que consiste en una afectación más sutil pero también  mucho más frecuente, ya que afecta al 1% de la población, este cuadro cursa con alteraciones neuropsicológicas que se manifiestan con anomalías del comportamiento y dificultades de adaptación a la escuela y a la sociedad en general.

Los Trastornos del Espectro Alcohólico-Fetal son la causa más frecuente de disfunción mental congénita, son causados exclusivamente por el consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo, van a persistir durante toda la vida de la persona afectada.

 

¿Qué pasa con el consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo?

Con el tiempo y con una observación pormenorizada de los efectos del etanol se ha visto que aparecen Efectos Fetales del Alcohol (FAE), que incluye defectos en el Nacimiento Relacionados con el Alcohol (ARBD) y desordenes en el Neurodesarrollo Relacionados con el Alcohol (ARND) además del propio Síndrome Alcohólico Fetal, constituyendo todos los cuadros juntos el Espectro de Desordenes Fetales producidos por el Alcohol (FASD).

  

¿Cuáles son las características de estos niños?

- Déficit del crecimiento.

- Fenotipo facial SAF (cara con patrón característico).

- Disfunción o daño del SNC.

- Exposición gestacional al alcohol.

 

Para que se produzca este cuadro será necesario que haya un Consumo de bebidas alcohólicas, incluso moderado durante el embarazo. (no es necesario que la madre padezca un alcoholismo).

 

Además:

No existe ni una dosis lesiva de necesidad, ni un consumo NO lesivo.

No se conoce ningún período del embarazo durante el cual se pueda beber  si riesgo para el desarrollo del niño.

 

 

Cosas a tener en cuenta:

Existen una serie de enfermedades infantiles con características similares, pero hay que pensar en el FASD siempre que estemos ante la ingesta de bebidas alcohólicas en el embarazo, se suman además una serie de factores de riesgo como la salud materna pregestacional por ejemplo el estado nutricional y el consumo concomitante de otras drogas, el bajo nivel socioeconómico (importante aunque no exclusivo), patrón importante de ingesta alcohólica en forma de binge (atracón) o de alcoholemia alta mantenida y el perfil depresivo o de baja autoestima de la madre junto con la posibilidad de trastornos de la personalidad u otra comorbilidad psiquiátrica, además de otros factoras familiares tales como antecedentes de alcoholismo familiar, consumo abusivo de alcohol por parte del cónyuge o incluso malos tratos.

Algunas alteraciones conductuales como el déficit de atención con hiperactividad (THDA), trastornos del lenguaje, fracaso escolar, agresividad o problemas de socialización también pueden tener relación con el FASD, por lo que en este cuadro más que en otros habrá que pensar en él para poderlo diagnosticar, valorar la importancia que tiene y promover medidas preventivas.

La prevención resulta imprescindible ya que los daños son irreversibles y de difícil tratamiento.

Las mujeres embarazadas, que no pueden dejar de beber, deberían solicitar la ayuda urgente

 

Insistimos:

No se sabe que dosis de etanol puede ser lesiva, ni si existe una dosis lesiva de necesidad, pues cada mujer responde de forma individual, lo que si que se sabe es que la causa es el efecto directo del alcohol sobre el feto, por lo que no se precisa que la mujer sea alcohólica para que el niño sufra un Síndrome alcohólico fetal, solo que la madre beba durante el embarazo. Por ese motivo el consejo obstétrico es el de consumo cero durante el período de gestación.

La situación es que el embrión o feto, alcanza la misma alcoholemia (gramos de alcohol por litro de sangre) que la madre, ya que el etanol pasa sin dificultad la barrera placentaria.

 

¿Qué más se sabe?

Sabemos, además, que no se producen alteraciones genéticas y que no es una patología hereditaria, la forma de actuar es la siguiente: el etanol, disminuye la cantidad de glucosa, importante para la alimentación fetal, además produce una alteración en las cadenas de aminoácidos, estos aminoácidos configuran las proteínas y las proteínas a su vez forman los tejidos, dependiendo del momento de gestación se afectarán distintas cadenas proteicas por lo que originarán malformaciones en los tejidos y en los órganos que se están formando en ese momento.

Las alteraciones del comportamiento pueden iniciarse en la primera infancia, con elevada impulsividad, déficit de atención, hiperactividad y fracaso escolar.

 

¿Qué malformaciones aparecen?

 - Cardíacas: C.I.A., C.I.V., Tetralogía Fallot, Canal atrioventricular.

- Renales: Aplasia, Ectopia e Hidronefrosis.

- Genitourinarias: Hipospadias, criptorquidia o vagina doble

- Esqueléticas: falanges ausentes, sinóstosis, pectus excavatum.

- De piel y faneras: Hirsutismo, angiomas tuberosos o fosita sacra.

- Alteraciones del Sistema Nervioso, oculares y de la boca.

- O tumores embrionarios tales como el Hepatoblastoma y el Neuroblastoma.

- Disminución peso y talla. 

- Alteraciones del S.N.C.

 

Clínica:

La clínica se completa con un Dismorfismo craneofacial característico   consistente en microcefalia, lesiones cerebrales, hirsutismo frontal, ptosis, estrabismo, miopía, epicantus, oblicuidad antimongoloide, nariz aplastada, silla de montar, e hipoplasia mandibular, paladar alto, boca grande y labios finos; además de un desarrollo psicomotor deficiente o límite (borderline), inquietud, hiperexcitabilidad, e insomnio.

El cociente intelectual se sitúa en torno a 50 – 80, se evidencia una disminución APGAR, en el momento del nacimiento, un déficit en el crecimiento tanto intrauterino como postnatal con bajo peso y talla.

 

Más evidencias:

También se ha podido evidenciar que a mayor tiempo y cantidad de ingesta de alcohol por parte de la madre la clínica será más florida y las alteraciones más graves y menos reversibles, así y aunque hemos dicho que no es necesario que la madre sufra un trastorno por dependencia al alcohol, la clínica será más evidente en madres alcohólicas de larga evolución, e incluso se incrementará el número de abortos espontáneos y de mortinatos.

 

Resumiendo:

Por tal motivo las autoridades sanitarias de los países más avanzados recomiendan no tomar bebidas alcohólicas durante el embarazo y las mujeres deberían dejar de tomar bebidas alcohólicas inmediatamente, cuando existe la sospecha de embarazo, al igual que sucede con la toma de medicamentos.

 Esta costumbre debería formar parte de la rutina de cuidados habituales desde el momento que se planifica el embarazo.

 

 

Concluyendo:

? El síndrome alcohólico fetal es un trastorno del desarrollo devastador que afecta a los hijos de madres que abusaron del alcohol durante el embarazo.

? Aunque el FAS es completamente prevenible, y a pesar de nuestro creciente conocimiento de los efectos de la exposición al alcohol prenatal, siguen naciendo niños expuestos a dosis elevadas de alcohol.

? Sus consecuencias afectan al individuo, la familia y la sociedad.

? Los costos son tremendos, tanto en el plano personal como financiero.

? Se deben desarrollar y difundir tratamientos eficaces y estrategias de prevención.

 

 

La terapia de Grupo

Dentro de las distintas formas de enfocar el tratamiento psicológico, una de las más conocidas, la más aceptada y previsiblemente la más eficaz es la terapia de grupo.

La terapia de grupo permite compartir experiencias, contar los problemas a personas que tienen el mismo problema que nosotros y que por lo tanto van a saber de qué hablamos, nos van a comprender.

Las psicoterapias de grupo deben ser llevadas por un profesional con formación y conocimiento del problema.

En las asociaciones donde no se puede disponer de un profesional, los grupos de discusión llevados por alcohólicos rehabilitados, con experiencia dilatada en el tema y comprometidos en la ayuda a los demás pueden hacer la misma función, aunque se profundice menos en temas personales.

Cuando no hay profesionales y la labor la realizan los alcohólicos rehabilitados lo denominamos grupos de autoayuda o mejor ayuda mutua

Se aprende de los demás y los demás aprenden también de lo que cada uno aporta, se intercambian no solo experiencias sino soluciones, se opina y se comparten sentimientos y se avanza en el compromiso de la abstinencia y de la mejora en las relaciones.

Los asistentes a las terapias exigen que:

Lo que se dice en la terapia no se debe comentar nunca fuera de ellas, esa complicidad hace al grupo fuerte y si alguien quiere de verdad rehabilitarse que no vaya a calentar la silla.

Al principio hay quien tiene miedo, o vergüenza o se cree que nadie le puede enseñar nada. Esto es comprensible, pero muy inexacto. La persona que participa en una terapia aprende día a día, se hace responsable, respetuoso y comprometido consigo mismo y con los demás.

“No puedo fallar y procuraré que los demás no fallen”

La persona que prueba la terapia de grupo, repite. Y es que tener un espacio y unas personas con las que poder hablar y sentirse escuchado, no es demasiado frecuente en la sociedad actual y es algo que se agradece.

 

El Grupo de ayuda mutua

Como hemos comentado, en determinados contextos el concepto de grupo se hace más extensivo y no solo se habla de grupo de terapia, sino de grupo de autoayuda. En estos grupos el número de personas puede ser mayor y tiene un carácter más abierto.

La autoayuda podría entenderse mejor como ayuda mutua, donde las personas que pertenecen al grupo, tienen el compromiso unos con otros de apoyarse constantemente, más allá del tiempo que dure la terapia, con encuentros, intercambio de teléfonos y la capacidad de buscarse cuando alguien precisa apoyo, consejo o ha tenido algún problema, incluida la recaída.

Sería: Yo ayudo a los demás igual que los demás me ayudan a mi.

Este sistema de tratamiento sirve para mantener la abstinencia, evitando las recaídas.

La ayuda mutua y la terapia de grupo son las bases de las Asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados.