Recomendaciones generales

La Familia

No podemos olvidar, cuando hablamos de TCA, el papel fundamental que juega la familia.

Principalmente porque es la que sufre directamente las consecuencias de tener un enfermo en casa, de los cambios de humor, de carácter, de las ausencias y de la dejación de funciones.

Vivir, convivir con un alcohólico no es tarea fácil y cuanto más cercano está el familiar más se implica en el problema.

Pérdida de confianza, ausencia de diálogo, discusiones y separaciones son solo algunas de las consecuencias que van minando la armonía familiar.

Pero las consecuencias las sufre la esposa, los padres, y también los hijos. La tristeza se instaura en el hogar y todos quieren que deje de beber.

Atendiendo a lo anteriormente expuesto, hay quien además de hablar del enfermo alcohólico, habla de la familia del alcohólico.

Y al igual que la familia sufre, también es verdad que en muchas ocasiones es la que se encarga de mover los hilos para que se ponga solución.

Normalmente es la esposa o los hijos los que apoyan el tratamiento, aunque al mismo tiempo ellos también participan en el mismo. Incorporándose en los programas dirigidos a ellos, programas para hijos o grupos de familiares.

La recuperación del alcohólico pasa por la recuperación de la familia.

 

La familia del enfermo alcohólico

En múltiples ocasiones el planteamiento que se hace la familia, es el de si realmente puede llegar a entender lo que está sucediendo, pues en algunos momentos se cree que se llega a convivir con un desconocido.

Se debe de llegar a comprender que cuando una persona está haciendo un consumo abusivo de bebidas alcohólicas, no lo hace de forma voluntaria, el alcohólico no bebe porque quiere, bebe porque lo necesita, porque se lo pide su cuerpo o su mente, no puede “vivir” sin consumir bebidas alcohólicas.

Es lógico que la familia, la esposa o marido, la pareja, los hijos, la madre, etc..., busquen en primer lugar respuestas para comprender mejor lo que está pasando y en segundo lugar, ayuda para poder solucionar lo que para ellos representa en más de un momento un callejón sin salida.

 

LA ESPOSA

Suele suceder que en la mayoría de los casos es la mujer del enfermo alcohólico

la que acompaña a su marido al tratamiento, e incluso lo que es más frecuente es que sea ella misma la que fuerce la situación para que el paciente acceda a iniciar un proceso terapéutico, lo que no suele ser igual a que haya una correcta comprensión del problema.

Es necesario saber que el alcoholismo es una enfermedad, así reconocida por los organismos nacionales e internacionales, que además tiene un carácter crónico y que por lo tanto puede ser recidivante, es decir se pueden presentar recaídas y que no por ello hay que entender que está todo perdido o que estemos equivocados en los planteamientos tomados para el tratamiento.

En primer lugar cabe pensar que una esposa o madre que tenga un marido o hijo alcohólico, tendrá necesidad de contar su problema, de desahogarse. Para ello está bien que acuda a su médico de cabecera, o a algún especialista, pero no hay que olvidar que en España se ha desarrollado toda una red de Asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados que cuentan ya no sólo con su útil experiencia y la de sus familiares, sino además con profesionales expertos en el tema que podrán escuchar y atender el problema, e incluso le ofrecerán una orientación adecuada para iniciar la solución al mismo.

Es verdad que en muchas ocasiones, la familia se pregunta: –Pero, ¿cómo actuamos?

Realmente no es que existan normas fijas para todos los casos pero sí unas reglas mínimas en común que se pueden seguir.

En principio, nunca será bueno ocultar el problema, como tampoco airearlo, pero no intentar hacer ver como si no pasara nada.  Hay que hacerle frente.

En segundo lugar, es necesario buscar ayuda, es muy difícil dejar de beber solo, sin un correcto tratamiento, cuantas veces nos ha dicho: –“no beberé”, y lo ha vuelto a hacer.

En tercer lugar, no hay que cansarse si no conseguimos nada tras unos primeros intentos, buscaremos la orientación más adecuada. En esta misma cartilla tiene usted algunas direcciones donde se puede dirigir para encontrar ayuda.

Y por último deberíamos tener en cuenta que la familia debe actuar como una piña, todos a una, para que el paciente logre ponerse en tratamiento y consiga dejar de beber, si se puede con cariño y comprensión, aunque resulte difícil en algún momento. Recordemos que siempre estamos hablando de tratar a un enfermo.

Y para esto en ocasiones hay que contener la rabia, el enfado, que aunque justificados no nos servirán de nada si los demostramos ante un estado de embriaguez evidente. Por lo tanto un consejo a seguir siempre: No hay que gritar, discutir, enfadarse ni siquiera intentar dialogar cuando el o la paciente ha llegado tarde o en “mal estado”, vale más que se acueste, que repose, que se le pase la “borrachera” y al día siguiente será el momento de hacerle ver las consecuencias de su mala actuación, tanto para con él como para con su familia, en ese momento no estará de más si a través del diálogo llega a sentirse culpable de su conducta, será el momento de exigirle una solución.

Aunque bien entendido, la solución debe ser para toda la familia, no sólo para el alcohólico, y especialmente para la esposa de éste, que en cierta forma se ha acostumbrado” a su alcoholismo. Ha aprendido a “convivir con él” (con el alcoholismo), a esto es a lo que denominamos codependencia, y es que en cierta forma el sufrimiento está tan compartido que no sabemos quien lo pasa peor.

En casa se cambian los papeles y la madre tiene que hacer también de padre, llevar las riendas del hogar y controlar la economía (si puede). Deduciríamos que al iniciar el tratamiento del paciente, esto debería relajarse, pues en muchas ocasiones sucede todo lo contrario ya que la mujer se encuentra muy cansada; como un corredor de fondo, que llega a una meta que nunca parecía llegar, y cuando al fin lo consigue, no puede más.

Aparecen entonces depresión, miedos, inseguridad, es decir todos los síntomas del padecimiento acumulado, que deberían ser también tratados y así la familia poder seguir adelante.

Por lo tanto la esposa en ese momento pasa a tener un doble papel, uno como paciente (codependiente) y otro como un buen elemento para la ayuda en el tratamiento de su marido.

Para que se observen buenos resultados en ambos aspectos se han demostrado muy efectivas las psicoterapias de grupo para familiares de alcohólicos, donde aprenden a comprender el problema, donde pueden desahogarse y al mismo tiempo pueden ir generando nuevos hábitos y actitudes para un nuevo futuro sin alcohol en el hogar.

Si es posible, dependiendo de los recursos al alcance, un correcto apoyo psicológico o médico adecuado puede reorientar muchas situaciones anómalas que se generaron durante el alcoholismo del marido. Y aunque es obvio decirlo lo mismo ocurriría en el caso de un hijo alcohólico y su madre como ayuda terapéutica.

No podíamos cerrar este punto sobre la esposa sin enunciar y remarcar la importancia que en el aspecto de la rehabilitación han supuesto los grupos de autoayuda

como gran cadena de eslabones humanos que sirven de pilar esencial, punto de encuentro, reflexión y ayuda mutua para todas las esposas que han pasado por una circunstancia similar y han optado por integrarse en las Asociaciones de Alcohólicos Rehabilitados, la fuerza de la autoayuda les da a ellas confianza y a sus maridos más capacidad para mantener la abstinencia.

 

 EL MARIDO

Todo lo que hemos comentado hasta el momento hacía referencia fundamentalmente al paciente alcohólico varón, y en cierta forma casi todo lo expresado se podría aplicar a la mujer alcohólica, no obstante, la forma de beber de las mujeres suele ser un tanto peculiar y la forma de ayudar por parte de la familia o del marido, es escasa o incluso nula, lo que nos puede hacer pensar que es más difícil tratar a una mujer alcohólica. Tal vez no entrañe más dificultades pero sí un cuidado especial.

Por estos motivos, creemos que juega un papel importante el marido. Es verdad que en ocasiones nos hemos quejado de la actitud de algunos familiares para con la mujer alcohólica que más que acompañarla durante el tratamiento, nos la han depositado, al igual que dejamos un coche en el mecánico y pasamos a recogerlo cuando ya está reparado, pero ya hemos visto que en alcoholismo las cosas no funcionan de esta manera, se precisa un buen acompañamiento durante “la reparación” e

incluso después de ella.

Últimamente hemos observado un incremento en el número de mujeres alcohólicas y un descenso en su edad, pero todavía sigue siendo vergonzoso para la sociedad actual enfrentarse con el alcoholismo en la mujer, y por este motivo, la mujer termina bebiendo sola, escondiéndose, avergonzándose de su actitud, abandonando las tareas del hogar o laborales y abandonándose a sí misma.

La dosis de comprensión y la necesidad de que nos pongamos en su sitio para poderla ayudar será aún mayor que en el hombre alcohólico, y quién mejor que su marido, su compañero de toda la vida para acompañarla durante el tratamiento, entenderla y entre los dos aprender a cambiar todo lo que no funcionaba durante la época de la ingesta alcohólica.

Esa ayuda en el tratamiento se puede basar en la psicoterapia de grupo, pero en estos casos será muy conveniente el enfoque de pareja o incluso el familiar, además de dejar de beber hay que solucionar otras cosas muy cotidianas del día a día, y eso conlleva un tiempo, una espera, que en ningún caso debe ser una espera pasiva por parte del marido y/o de la familia.

Es necesario pues contar con la colaboración, desde el primer momento y hasta el final del tratamiento, del marido de la paciente. La unión hace la fuerza, si no se ha llegado demasiado tarde en las relaciones matrimoniales.

 

 

LOS HIJOS     

Diana sensible para sufrir consecuencias a causa del alcoholismo de sus progenitores, los hijos de los pacientes alcohólicos, son víctimas silenciosas de los cambios de carácter y de conducta de los abusadores de bebidas alcohólicas. Fracaso escolar, crisis de ansiedad, miedos o terrores nocturnos, insomnio, rebeldía, frustración, introversión o tendencia al consumo de drogas son algunas de las consecuencias que podemos observar entre ellos.

Si arbitramos ayudas sociales y psicológicas específicas, coordinadas con la familia y el medio escolar, además de intentar el tratamiento del padre/madre con problemas de alcohol, será la base para reconducir el tema y evitar en la medida de lo posible la aparición de males mayores con el paso del tiempo.